Del buceo libre al Alto de Letras
Por Juan Pablo Sumarraga
El ciclismo es algo relativamente nuevo para mí. Durante toda mi vida, el océano ha sido mi primer gran amor. Crecer a solo veinte minutos del mar me dio la oportunidad de pasar horas enteras en el agua. Esa mezcla de libertad total, de calma profunda y adrenalina al mismo tiempo hizo que me enamorara del buceo libre desde muy joven.

Con el tiempo, y como parte de crecer, las oportunidades para hacer buceo libre empezaron a volverse más escasas. Me gradué como ingeniero y llegaron opciones para trabajar en el exterior. Fue una etapa muy emocionante de mi vida, pero también implicó sacrificios, como dejar a un lado el buceo libre y pasar menos tiempo con mi familia. Aun así, estar expuesto a tantas culturas me abrió la puerta al mundo del ciclismo.

Encontré todo en el ciclismo absolutamente fascinante. Desde la forma en que la aerodinámica, el peso, los materiales y sus composiciones influyen en cada pedalazo, hasta cómo el progreso puede medirse en watts o en VO2 max. Y aun así, todo eso pasa a un segundo plano cuando te ves pedaleando en medio de los paisajes increíbles de Colombia.
En mayo de 2024 tuve una primera y “pequeña” probada de lo que Colombia tiene para ofrecer. Pablo organizó el que ha sido uno de mis mayores retos y una experiencia increíble: subir el Alto de Letras. Empezamos el ascenso en el pequeño pueblo de Mariquita, a 468 metros sobre el nivel del mar. Cuando llegamos a la cima, en el Páramo de Letras, estábamos a 3.663 metros, después de pedalear 80 kilómetros de subida. Esos 80 kilómetros tienen una pendiente promedio cercana al 4 por ciento y un desnivel acumulado de casi 3.800 metros. Dicho eso, la realidad es que la pendiente estuvo entre 6 y 9 por ciento durante buena parte del recorrido y también hubo muchas rampas por encima del 10 por ciento que fueron un verdadero desafío, pero que disfruté muchísimo.

Ser parte de Andes Domestique significa mucho más que un pasatiempo. Es la oportunidad de compartir tiempo con mi familia, de retarme y superar mis propios límites, de reencontrarme con esa mezcla de calma y adrenalina que antes sentía al hacer buceo libre, de aprender de personas increíbles y de seguir enamorándome de Colombia.